12 agosto, 2008
Editores dependientes
Editores como Miguel Petrecca, de la “pequeña” Gog y Magog, plantean: “Somos lo contrario: somos una editorial recontra dependiente, dependiente del valor del peso, del precio del papel, de la política de subsidios, o sea, mucho más dependientes que una editorial grande”.
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11 agosto, 2008
La dispersión ante todo
"¿Cuál debería ser la formación de un buen periodista cultural? “Creo en la dispersión como un valor y no como un inconveniente, así es que considero que el periodista cultural ha de ser disperso por naturaleza”, apunta Cebrián. Y agrega: “Ante todo, deben desarrollar una mirada escudriñadora y fijarse en los pequeños detalles, en ‘lo infraordinario’, como diría Georges Perec, para enfocar sus notas. Y por último, un consejo casi televisivo: que no descuiden su formación científica, que siempre es la gran olvidada, ya sea por desinterés o por temor”. "
08 agosto, 2008
Beijing
Cuando nos íbamos, alguien dijo: “Todo bien con los chinos pero a mi me gusta más el sushi que venden el shopping”.
Globalizar (occidentalizar) los sabores es algo que hacen muy bien los shoppings, los aeropuertos y las cadenas internacionales de comidas rápidas. Intentan volver sabroso lo insípido, convertir la comida de los pobres en platos exóticos y divertidos.
Yo, inspirado por el espíritu olímpico y siguiendo mis teorías sobre la occidentalización de los sabores, pedí el Menú China. Desde ya, que McDonalds sea sponsor oficial de los Juegos Olímpicos de Beijing/Pekín es raro. Es verdad que comparten los colores, pero no todos los rojos son iguales. El rojo detrás de la gran M amarilla es secundario, sirve para llamar la atención, es una simple cuestión de marketing. En la bandera china el rojo es lo que importa, no el amarillo.
La cuestión es que en menos de dos minutos (como dice la regla) llegaron todos los pedidos en sus paquetas cajitas, menos el mío. Las cajitas: desde que Michael Douglas en Un día de furia, entró con una ametralladora a un fast food (ver video) y le mostró al empleado del mes que la hamburguesa que le vendían era un chiste comparada con la de la foto, se dieron cuenta de que el producto necesitaba un envoltorio que disimule el engaño. Primero fue de papel, pero al notar que se teñía de grasa, aparecieron las cajitas. No tengo dudas de que las cajitas blancas cuestan más (o lo mismo) que lo que tienen dentro. Yo seguía esperando. Espiaba la llegada de los pedidos esperando que aparezca una cajita roja con un dragón o algo acorde a la llamada Hamburguesa de Beijing. Pero no, la presea olímpica venía en la cajita de
Hora de comer. Las sillas son incómodas, las mesas son bajas y se te clavan en la panza, te dan pocas servilletas. Todo está pensado para que te den ganas de irte, para que no ocupes espacio. Me senté con mi combo completo, abrí la cajita y me encontré con la hamburguesa más fea que comí en mi vida. Lo oriental era una mezcla horrible de zanahoria, brotes de soja y lechuga con aderezos que se caía por los costados cuando intentabas morder y encima estaba fría. Y sin queso. “Y, está rica?”, me preguntaban, riéndose por dentro. Si, no es la gran cosa pero está bien, mentía yo para admitir la derrota.
La moraleja: hay un límite. Se puede occidentalizar lo oriental, pero de ninguna manera orientalizar lo occidental. La hamburguesa china no existe.
Cuando la terminé con las manos hedientas a ketchup, mostaza, barbacoa, o la mierda que le habían puesto, disimuladamente, dije que iba a buscar servilletas, hice la cola y me compré una hamburguesa con queso.
07 agosto, 2008
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05 agosto, 2008
El Mayordomo
La huída no ha llevado nunca a nadie a ningún remoto lugar. Transcurría un lejano y solitario otoño, una flor de loto había crecido en el jardín de la señora, justo en el lugar donde el barro se resistía.
Pasaban los meses y el mayordomo no podía encontrar la forma de acercarse a ella. Se sentía extranjero frente a esa mujer.
Blanca de piel, la vio un día cerca de la flor de loto, roja, a pesar del otoño y el barro. El mayordomo, entonces, casi como una obsesión, hizo cambiar todas las flores del jardín por flores de loto, cortando antes esa flor, solitaria y lejana, para dársela a ella y poder por fin de una vez y para siempre.
Aceptó la flor y se convirtió en un fantasma hasta que cada día, cada hora, se sintió un demonio disfrazado de mujer.
Así llegó el verano, tormentoso, como el olor en las sábanas blanquísimas, el momento de la huída, la hora de servir el té.
Transpirando llegó a la habitación de la señora, de inmediato se abrió y ella, de piel blanca, lo hizo pasar; el pútrido olor derrumbó sus sentidos.
- Acá lo que te prometí, mi corazón, podés seguirme si querés.
Parado frente a la cama la observó, miró a los costados y ya estaba solo con el cuerpo. Aceptó acompañarla. Muertos los dos, los dos cuerpos uno sobre otro, decidieron vivir en un árbol varias veces centenario, un Kápok, que crecía a orillas del río.
04 agosto, 2008
El Mayordomo
El cuerpo
El muerto, el cuerpo del muerto, es un objeto muy preciado, hay que cuidarlo y no perderlo, porque si desaparece ocupa nuestro cuerpo como un galpón vacío.
03 agosto, 2008
Interruptus
Tema: House of Cards, de In Rainbows
02 agosto, 2008
El Mayordomo
El fantasma
Era verano y todos dormían. El sofocante calor trataba de romper con la frescura de los amplios ambientes de la casa. De a poco, de manera metódica y muy prolija, se quitó el uniforme y abrió las sábanas blancas, dispuesto a dormir una siesta. En la tenue oscuridad de la habitación, entre sueños, entró una mujer que parecía de luto. Un vestido negro que sólo dejaba ver las piernas, de la mujer que caminaba, descalza, alrededor de la cama. El mayordomo, con los ojos entreabiertos la observaba y sabía que era ella, la que ahora, subiéndose la falda, trepaba a la cama y lo encerraba entre sus piernas desnudas, no había palabras, era ella con su pelo, sus ojos y su boca la que lo besaba. Esa boca que parecía llevarse toda su sangre, en esa tarde, donde el sofocante calor parecía ganarle. Como un fantasma la mujer, entraba y salía, de lugares donde se iba la vida. Durante varios días no cambió las sábanas y ese olor lo atormentaba.
01 agosto, 2008
El Mayordomo
La mujer