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03 diciembre, 2010

El poema de la década

Escrito entre 1999 y 2000, este poema del libro Poesía cilvil de Sergio Raimondi anticipa el hecho económico, político y cultural que abriría la puerta de salida a la profunda crisis argentina: el giro chino que, dejando de lado premisas culturales milenarias, se propone tener una agricultura más eficiente. Esa determinación cambiaba por entonces el paisaje portuario de Ingeniero White, y Sergio escribía esto:


Cargill & Pound

Según el Financial Times, China estaría dispuesta
a importar cereal y abandonar así su antigua política
de total auto – abastecimiento. There is worship
in plowing, escribió Pound, algo así como: “Se adora
al arar”. Y escribió también que Ching Ning, en el dos
mil y algo antes de Cristo, mudó su corte y dijo al iniciar
el mercado un mediodía: Bring what we have not here,
es decir: “Traed lo que no tenemos aquí”. Según análisis
de la corporación Cargill, revelados en un encuentro
realizado en mil novecientos noventa y nueve en Shangai:
a. El precio del cereal cosechado en la zona de Jilin
es un treinta por ciento superior al del mercado mundial;
b. el programa estatal de fomento a la agricultura dilapida
mayores divisas de las que habría que pagar por cereal
importado; c. erosión del suelo, deterioro de las reservas
de agua y una amplia destrucción del ambiente constituyen
las consecuencias del obligado cultivo intensivo;
d. urge un plan agrario más eficaz, con reducción de controles
estatales y promoción comercial con otros países y empresas,
a fin de abaratar los alimentos diarios e impulsar y extender
el gasto de la población hacia otros bienes. When the cranes
fly high, think of plowing. Es probable que, cuando el poeta
escribía, la China arcaica sólo estuviera en su cabeza.
Por ende sólo en su cabeza habría que hallar el alto ciprés
por fuertes muros rodeado, junto a cuya sombra yacen
Fu Hin, quien enseñó a los hombres a cultivar cebada,
y las huellas de esos mismos hombres que aún lo visitan.

24 noviembre, 2010

La vida es una moneda

Ignacio Molina nació en Bahía Blanca en 1976 y desde 1992 vive en Buenos Aires. En su infancia y adolescencia jugó al básquet en uno de los 21 clubes que desarrollan ese deporte en la ciudad, Napostá. Cientos de veces habrá tomado los colectivos bahienses, las 500, que te dejan a pocas cuadras de tu destino o habrá comprado caramelos en kioscos de barrio, atendidos por sus dueños. En su primera novela Los modos de ganarse la vida (Entropía 2010), esos usos del espacio público, tal vez más humanizados, dejan lugar a un relato que se estructura al ritmo de los grandes centros urbanos donde la vida también es papel de cambio.

Así como comprar cigarrillos en un kiosco, pagar el pasaje de colectivo o negociar con el canillita un diario de hace dos semanas son los intercambios comerciales más básicos a los que nos somete la vida cotidiana; hablar de fútbol con un compañero, pedir empanadas por teléfono en la misma rotisería todos los viernes o cederle el asiento a una embarazada, son los intercambios humanos más elementales.

De eso va Los modos de ganarse la vida: la negociación permanente con las obligaciones, la rutina, los imprevistos, la familia, los amigos, los desconocidos, los deseos reprimidos, los no reprimidos, para intentar ganarse la vida.

Porque el kiosco, además de un espacio de intercambio comercial, se convierte en un lugar de escape, a donde se va sin necesidad, sólo para ir, o puede ser un refugio en un día de lluvia o una excusa para caminar por determinada avenida. Porque los colectivos sólo te llevan a destino cuando querés andar por la vida sin demasiada precisión y tenés monedas en el bolsillo. Porque, aunque no te importe el fútbol, le charlás de fútbol a Ezequiel a cambio de que te alcance a la oficina en su auto y Etelvina, que atiende el teléfono de la rotisería donde pedís empanadas, resulta ser tu amante.

La voz principal de la novela es la de Luciano, un joven de 27 que vive con su novia, Cecilia, pero sobre todo convive consigo mismo y su percepción obsesionada de lo cotidiano. En el medio, una tercera persona nos presenta escenas de la vida de Guillermo y Marina, una pareja de amigos; escenas que después se retoman desde la perspectiva de Luciano.

Con todo esto, Ignacio Molina construye una narrativa muy precisa. Pero precisa no significa descriptiva, sino todo lo contrario. La novela no describe la magnitud de la tormenta que engendra lo aparentemente elemental, el tamaño de las nubes y los truenos que estremecen la tierra: te cuenta lo que Luciano estaba haciendo y pensando en el momento exacto que el viento cambió al sur y volaron las primeras hojas.

Los atardeceres, siempre son más interesantes que los mediodías. Una narrativa clara, pero que se cuida de que el exceso de luz no vele la trama.

Es llamativo que Los modos de ganarse la vida prácticamente pase por alto el mundo laboral de los personajes. Todo sucede en los trayectos y en lo que se omite. El ojo no está puesto en la producción, sino en el intercambio: comprar la golosina que te permita recibir un vuelto en monedas para viajar en el colectivo que te lleva a ningún lugar. Porque, en última instancia, cambiar fuerza de trabajo por dinero no es ganarse la vida.



04 octubre, 2010

Es la economía, estúpido

Las últimas tres novelas que leí/reseñé tienen que ver con los '70: las dos de Alan Pauls (Historia del llanto e Historia del pelo) y la de Pola Oloixarac (Las teorías salvajes). Ahora es el turno de Blanco nocturno, de Ricardo Piglia.


Las primeras tres, a su manera, intentan abrir grietas en la #victoriacultural del relato de la izquierda sobre la dictadura y la militancia setentista.

Pola hace una revisión crítica, en cuanto relato que simplifica la realidad proponiendo una épica de héroes y malvados, que no puede dar cuenta de los procesos históricos que continuaron hasta el presente. "Tener una izquierda triunfal en el ámbito cultural tiene consecuencias peores que simplemente malas películas".

Mientras que, Pauls busca los caminos laterales de la intimidad y el relato autobiográfico de un chico/adolescente/joven que
no vivió los '70 como después los leyó: siguiendo el manual del militante revolucionario.

La última novela de Ricardo Piglia,
Blanco nocturno, toma otro camino y otra temática para abordar la misma década. Muy lejos de la vanguardia estilística de Pola y del relato autobiográfico de Pauls, Piglia se para en el centro mismo del campo literario argentino para hablar del campo y dice: "Mi gesto de vanguardia es hacer una novela tradicional".

Blanco nocturno es un policial a veces clásico, otras negro, que transcurre en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, en el medio del campo. Con personajes arquetípicos (el detective, su ayudante, la familia rica y poderosa, el foráneo muerto, los sospechosos) y otros clásicos de Piglia como el periodista Renzi.

Pero el elemento que trae al presenta a esta historia, extemporánea y escrita en un género anacrónico, es la motivación del crimen: un asesinato financiero, que responde más a un orden macro-económico que a las pasiones personales.

La tierra como valor de cambio y elemento de poder en la Argentina de los '70, el intento levantar una fábrica de autos en el medio del campo con una economía atada al dólar, especulaciones financieras, plata no declarada: son parte de la intriga de la novela. Intriga que se pone en juego en disputas familiares de antaño.

"La historia política argentina se movía a ras de tierra, mientras los acontecimientos pasaban por arriba como una bandada de golondrinas que emigran en invierno, y los habitantes del pueblo representaban y repetían sin saberlo viejas historias."

Esta novela, que se desarrolla en la antesala de la vuelta de Perón (1971), atraviesa un momento de re estructuración económica que luego, con la profundización del modelo liberal, marcaría la marcha del país en los siguientes 30 años. Los mecanismos de defensa de esa estructura de poder económico fueron los que intentaron desestabilizar al gobierno actual en 2008, utilizando la figura mítica de "El Campo".

"Lo que hay en la novela son algunos elementos que luego, con el conflicto del campo, se actualizaron. Y en verdad es un tema permanente. Tiene que ver con la propiedad de la tierra, negocios con la tierra. Yo no intenté ser anacrónico, pero digo un poco en broma que esta es mi novela sobre el campo, mi intervención en el debate del conflicto del campo", dice Piglia en una entrevista de Claudio Zeiger para Radar Libros.

No creo que sea productivo buscar en
Blanco nocturno llaves para leer el conflicto del gobierno con las patronales agrarias/mediáticas. Simplemente, se puede llegar hasta ahí siguiendo la clave de la economía de los '70. Clave que Piglia, desde el centro de la escena, pone en el centro del campo literario para dialogar con la ficción actual y tensionar los relatos establecidos.

***

"Las determinaciones económicas, geográficas, climáticas, históricas, sociales, familiares pueden, en ocasiones muy extraordinarias, concentrarse y actuar en un solo individuo. Ése es mi caso. (dictado a Schultz)", por Luca Belladona.

18 septiembre, 2010

El fetichismo de la memoria




Para representar el estereotipo del militante setentista, Peter Capusotto se pone una peluca ondulada, un bigote fornido y listo: es Bombita Rodríguez, el Palito Ortega Montonero.

¿Una época puede leerse en una peluca? En su color, su textura, su uso. Acabo de leer Historia del pelo de Alan Pauls, lectura que me llevó a ver la película Los Rubios de Albertina Carri y a pensar sobre el tema. La memoria como un fetiche rubio, imposible de peinar.

El libro de Pauls es parte de la serie que comenzó con Historia del llanto y terminará con Historia del dinero. Estas novelas breves intentan abordar la década que marcó los últimos 30 años de la política y la economía argentina, huyendo de los discursos establecidos y contra-establecidos hacia una intimidad atravesada por la historia.

Historia del pelo no tiene la solidez de la primera novela que, a pesar de ser fragmentaria y por momentos difusa, expresa con una fuerza demoledora el problemático cruce entre autobiografía-ficción-realidad e historia. Esa fuerza que comparte la película de Carri, un documental sobre la memoria que se anima a desafiar al testimonio de las víctimas como puerta al pasado.

La novela es un continuo de recuerdos, imágenes y situaciones que nos lleva sin respiro hasta el punto final. Como una cabellera que nunca fue cortada: mechones brillantes, otros demasiado largos, graciosos o filosos. La unidad la da el personaje principal y su obsesión con el pelo, y el escritor con su obsesión con la frase.

En el medio: pelo, peluquerías, peinados, frivolidad, abortos, desamor, veteranos de guerra, pelucas, pelo y más pelo. "En el siglo XX se descubrió que lo banal es la materia de la que están hechas todas las cosas, incluso las historias. La literatura argentina aprendió eso con Manuel Puig."

El último tramo de la novela puede ser un claro ejemplo de esta afirmación. Cuenta uno de los hechos que dio inicio a la década: el destino de a la peluca que utilizó Norma Arrostito para el secuestro y asesinato de Aramburu.

(...)
"Lo tienta la época. Lo tienta la posibilidad, que las novelas suelen delegar en una serie de máquinas complicadísimas, llenas de riesgos y no necesariamente eficaces, de volver a una época que venera y que siente que no vivió, o que hubiera querido vivir de otro modo, o quizás sólo con otro corte de pelo..."
(...)

23 enero, 2010

Los bañeros salvajes


Entre las dos escolleras, en una playa del norte Mar del Plata, se genera una corriente que arrastra para adentro a los nadadores más valientes. Los bañeros trabajan poco. Una o dos veces por día tienen que nadar, pasar la primera rompiente,
alcanzar al que se lleva el mar, mantenerlo a flote y esperar a que llegue el otro bañero con la soga. Después trabaja la gente: todos quieren ayudar, se arma la fila y tiran de la soga para traer al trío subacuático de nuevo a la superficie.

Entre avergonzado y nervioso el rescatado (casi siempre varón) intenta no quedar en medio de la gente y se va por un costado. Los bañeros si ocupan el centro de escena, la gente aplaude.

-¿No hay ninguna chica que se quiera ahogar? -dice el más tostado de los bañeros.



En una reposera, con los pies en la arena, con un viento sur leve pero constante, me introduje durante un par de días en Las teorías salvajes de Pola Oloixarac.
Hay varias formas de leer este libro: Daniel Link, en la contratapa, propone leerlo como una comedia isabelina; para Beatriz Sarlo es un panegírico del mundo universitario, que se puede leer a través de sus links -referencias culturales- como una novela de aprendizaje; para la revista Planta es un desparpajo derechista que no sirve para nada y los autores
de la crítica -Damián Selci y Nicolás Vilela- piden una retractación pública de la autora; para la Rolling Stone es una novela sobresaliente de autoconciencia generacional... y así podemos seguir recolectando reseñas y lecturas de todo tipo.

***
Mientras se ahogaba un gordito en el mar, LTS me pareció una novela distinta, que me atrapó desde la preocupación por lenguaje, desde la ironía extrema y el pensamiento crítico. Pienso que no es tan interesante el submundo académico que retrata, es más bien secundario, respecto de la revisión del pensamiento y el discurso setentista. Revisión cítica, en cuanto pensamiento que simplifica la realidad proponiendo héroes y malvados, sin poder dar cuenta de los procesos históricos que continuaron y modifican el presente. "Tener una izquierda triunfal en el ámbito cultural tiene consecuencias peores que simplemente malas películas", dice uno de los adolescentes nerd que entreveran en experimentaciones sexuales y aventuras informáticas.

***

Voy a reparar en una escena que concentra algo de todo esto.

En uno de sus experimentos para lograr el enriquecimiento de las teorías
sobre el gen salvaje que permanece en el inconsciente humano, la narradora emprende la conquista de Collazo, un intelectual de izquierda que fue montonero y ahora vive cerca de avenida Libertador.
En uno de sus paseos, sufren un robo y la narradora interpela a los ladrones con un discurso moralista sobre las luchas sociales. Dice algo así como: "esa persona a la que agreden hizo mucho por ustedes, defendió el sueño de la patria socialista".
-¿Sos político vos? ¿Eh, eh? -responden los ladrones y le empiezan dar una paliza acusándolo de "Chorro hijo de puta".

Entonces, la narrodara sale nuevamente en su defensa y dice: "¡No, no! ¡No es un político! ¡Es sólo un intelectual de izquierda!". Lo que provoca más golpes.

¿Oloixarac critica la izquierda parándose en una postura conservadora de derecha como plantea la revista Planta? No lo creo, me parece una simplificación extrema postular eso. Lo que se plantea en la novela es una visión crítica de los estereotipos estancados en la intelectualidad
bienpensante, que dan como resultado malas películas y no sirven para explicar por qué los políticos de la democracia son considerados "chorros hijos de puta" por la gente.



***

Hasta acá mi lectura playera.
Las teorías salvajes permite muchas otras entradas para seguir pensándola. Pero las páginas se me llenan de arena. Los bañeros salen del agua una vez más: el ahogado renguea, como acalambrado; la mayoría de la gente piensa que simula por vergüenza. Acá, los bañeros son los héroes: son simpáticos y amables con los chicos, el pueblo los aplaude.

-¿No hay ninguna chica que se quiera ahogar? -repite el más tostado de los bañeros.

14 octubre, 2009

La historia y el llanto

Se puede viajar al pasado mirando una foto. Ves una imagen de tu infancia y no te reconocés, pero querés saber cómo llegaste ahí. Seguís mirando a ese personaje, en forma errática, y la foto se vuelve un relato atravesado por el llanto. ¿El viaje a través de una imagen, la de un chico de cuatro años que viste un traje de Superman mal confeccionado, es un relato de la intimidad sensible o una narración política?


En una reposera, al sol, en Villa Ventana, leyendo La historia del llanto de Alan Pauls, no hay otra forma de pensar el pasado, el pasado que se presenta como ruinas, que como un relato ficcional. A través del llanto de la infancia, Pauls reconstruye un camino autobiográfico en donde queda totalmente de lado la veracidad de los hechos: lo que se pone en juego es el diálogo entre ficción y la realidad. La novela rompe con la idea de que, vivir en un mundo plagado de ficciones, signifique ir por un camino paralelo a la historia, refugiarse de la realidad. Simplemente es otra forma de realidad. Pauls confirma que se puede escribir sobre los '70 sin haber tomado las armas.

El personaje -contado desde un presente histórico, como se mira una película- viaja en triciclo desde el mundo que se presenta como ficción -el traje de Superman, la serie Los Invasores, el vecino militar- hasta la realidad política que aparece en la temprana adolescencia: la entrada al mundo político a través de los libros. Devorando la biblioteca marxista.

En el libro hay una sola fecha concreta: 11 de septiembre de 1973, el día que el ejército de Pinochet quemó el Palacio de la Moneda y terminó con la vía chilena al socialismo. Es el único hecho significativo a nivel histórico para el personaje, que lee Marx y no puede llorar ante el televisor, aunque siente que nunca el mundo ha sido tan injusto. Todo lo demás no tiene fecha, pero tiene lenguaje. La revista La causa peronista, la novia chilena,
el cantante de protesta, la escena del ascensor: son escenas que están fuera de foco, incompletas, que podrían haber sucedido o no. Donde no importan las personas, sino el estrato del lenguaje que representan.

***
[...]
¿Cuánto tarda en darse cuenta de que en él es al revés, de que ya en ese él que viendo venir a los alienígenas mira a la mujer que lo cuida y mantiene el pie quieto en el pedal, quieto hasta que se le acalambra, primero está la ficción y después la realidad, pálida, lejanísima?

[...]

03 septiembre, 2009

Con su bata blanca que ella llama peignoir

Otros capítulos del Pequeño Pound ilustrado
Esos rostros - La belleza - Laureles eternos - Las flores - Personae

Esencia del imagismo: la imagen es el pigmento del poeta, un enjambre de ideas (vórtice).


Liu Ch´e
El susurro de la seda se interrumpe,
el polvo se levanta sobre el patio,

no hay ruido de pasos, y las hojas
corren en remolinos y quietas yacen,

y la que regocija el corazón es indigna de ellas:
una húmeda hoja que se adhiere al umbral.


Liu Ch´e funciona como un mosaico. Las imágenes se superponen manteniendo su independencia e influyendo unas sobre otras para conformar finalmente la unidad del poema.

“Un carácter chino constituye una unidad móvil que ejerce su influencia sobre, y colabora con, las otras unidades. Cada uno de los caracteres representa una palabra y sólo sirve para expresar el sentido de esa palabra, para evocarlo por medio de la vista. La escritura china, pues, no reproduce sonidos, sino evoca ideas. Estas ideas, cuando se unen para construir una frase, mantienen su independencia. La frase china adquiere entonces el aspecto de un mosaico.”[1]
***

Albátre

Esta dama con su bata blanca que ella llama peignoir,

es, de momento, la amante de mi amigo,
y las delicadas patas blancas de su blanco perrito

no son más delicadas de lo que ella es,
y ni el mismo Gautier hubiera desdeñado el contraste de sus blancuras
cuando ella se sienta en el sillón entre dos velas indolentes.


En Albátre, el pigmento primario es el blanco. Pero no es un blanco puro, sino que muestra matices (contrastes). La primera mancha es a nivel del lenguaje, la bata blanca ella la llama "peinoir": una marca de clase, o de pretensión de clase, porque para Pound no deja de ser una bata blanca. El segundo contraste se da entre la delicadeza y la frialdad de esta mujer y la indolencia de las velas que tienen un blanco que se derrite con su propio calor. En este poema se produce otra vez el cruce con la pintura al hablar de Gautier. Es el pintor es el que no puede rechazar las imágenes del poema.

Ilustraciones Jimmy Chaban
***
Trozo de abanico, para su alteza imperial

Oh, abanico de seda blanca,
límpido como escarcha en un tallo de hierba,
tú también has sido abandonado.


Pound pone el acento en un objeto para describir una situación que va más allá de él. Plantea dos imágenes donde la frialdad de la seda se convierte en escarcha (efímera) sobre el pasto. En el título se introduce un personaje femenino, la Alteza Imperial, y en el último verso se resuelve la situación que une al objeto y la dama: el abandono.

Cuando se construye una imagen los objetos ocupan lugares centrales y esa imagen sólo se convierte en un vórtice si el objeto logra reflejar un proceso. Objeto, acto, proceso, verbo y adjetivo tienden a mezclarse en las imágenes cargándolas de sentido hasta el máximo de sus posibilidades.


.......................................

[1] Prólogo de Mariano Antolín Rato a Ezra Pound, Personae, los poemas breves, Hiperión, España 2001.

17 agosto, 2009

Esos rostros

Ezra Pound plantea en el manifiesto imagista: “Un chino dijo hace mucho tiempo que si un hombre no puede decir lo que tiene que decir en doce versos, mejor que se calle. Los japoneses desarrollaron la forma aún más breve del haiku” tiempo después en El ABC de la lectura dice que “la literatura es el idioma cargado de sentido”.

La anécdota: Pound explica que a partir de una experiencia perturbadora (ver tres rostros que lo cautivaron en una estación del metro) escribió un poema de treinta versos. Seis meses después uno de la mitad del tamaño y un año después escribió un haiku.

En una estación del metro

La aparición de esos rostros en la multitud;

pétalos sobre una húmeda, negra rama.

In a station of the metro


The apparition of these faces in the crowd;

Petals on a wet, black bough.
Dibujos de Jimmy Chaban

El poema tiene tres partes:
el título, nos sitúa en un ámbito urbano, relacionado con las metrópolis occidentales, un espacio exterior y público.
Luego el poema se compone de dos versos en relación de comparación, de equiparación y oposición. El primero está relacionado con el movimiento de la ciudad, el verbo sustantivado -The apparition- es un método de despersonalización y objetivación del hecho. A su vez, dentro del verso hay una tensión entre lo individual y lo colectivo, faces in the crowd.
Completando el ideograma, el segundo verso nos plantea una situación mucho más íntima y subjetiva de la percepción de la naturaleza. Es una escena estática donde se recuperan los contrastes del verso anterior en el color y las texturas, Petals-wet-black-bough.

Coda

Oh, canciones mías,
¿por qué mirás con tanta ansia y curiosidad los rostros de la gente?
¿quieren encontrar entre ellos a sus muertos perdido?

03 agosto, 2009

La belleza

Ezra Pound en El ABC de la lectura dice: “Una definición de la belleza es: adecuada a lo que se propone.” Y en estos poemas la belleza funciona como virtud del pensamiento moderno. Saber mirar las cosas concretas y encontrar la belleza que encierran.

No hay que buscarla en el éter, ni en imágenes estereotipadas de lo sentimental; la belleza está en el joven Dante moviendo las sardinas.


El estudio de estética

Los niños muy pequeños con trajes remendados,
afligidos de una sabiduría sin igual,
pararon de jugar al pasar ella
y gritaron desde sus remiendos:

Guarda ahí, guarda ch´é beá!

Pero, tres años después de esto,
escuché al joven Dante, cuyo apellido ignoro-
pues hay, en Sirmione, veintiocho jóvenes Dantes y treinta y cuatro Catulos;
y había habido allí una gran pesca de sardinas,
y sus mayores
estaban embalándolas en grandes cajas de madera
para el mercado de Brescia, y él
brincaba alrededor, agarrando los peces brillantes
y cerrándoles los caminos:
y en vano le ordenaban sta fermo!
y como no le dejaban ordenar
el pescado en las cajas
movía las que ya estaban ordenadas,
murmurando para su propia satisfacción
aquella misma frase:

ch´é beá.

y con esto quedé algo avergonzado.



Agassiz y el pez

“Ningún hombre estará equipado para el pensamiento moderno hasta que haya comprendido la anécdota de Agassiz y el pez:

Un estudiante recién graduado, con honores y diplomas, fue a visitar a Agassiz para recibir los últimos retoques. El gran hombre le mostró un pez y le pidió que lo describiera. El estudiante: ¡Es sólo un pez luna!. Agassiz: ya sé. Descríbalo.
Unos minutos después el estudiante volvió con la descripción del Ichtus Heliodiplodocus, o como sean los términos usados para ocultar el común pez luna al conocimiento vulgar, familia de los Heliichiherinkus, etc., según aparece en los libros de texto sobre el tema.
Nuevamente Agassiz pidió al estudiante que describiera el pez.
El estudiante produjo un ensayo de cuatro páginas. Entonces Agassiz le dijo que mirara el pescado. Después de tres semanas, el pescado estaba en avanzado estado de descomposición, pero el estudiante sabía algo sobre él.”
Ezra, Pound, El ABC de la lectura, Ediciones de la Flor, Argentina.

Dibujos de Jimmy Chaban
το καλον

Hasta en mis sueños te me has negado,
y sólo me has enviado a tus doncellas.

22 julio, 2009

Laureles eternos

Una muchacha

El árbol penetró en mis manos,
la savia subió por mis brazos,
el árbol creció en mi pecho;
hacia abajo,

me crecieron ramas como brazos.

Árbol eres,

musgo eres,
eres violetas que el viento sobrevuela.
Eres una criatura- tan alta,
y todo esto es locura para el mundo.


Ovidio
en sus Metaformosis cuenta la historia de Dafne y Apolo. La ninfa escapa del amor de Apolo (encantado por Eros). Deseperada pide ayuda al
dios del río Peneo y la convierte en laurel. Desde ese momento el laurel será el árbol sagrado de Apolo.

[La metamorfosis de Thom Yorke en There there]

En el primer tramo del poema, cuando se consuma la metamorfosis, Pound parafrasea Ovidio: “mollia cinguntur tenui praecordia libro// in frondem crines, in ramos bracchia crescunt” [traducción aproximada: “en su pecho creció corteza, en sus cabellos hojas, en sus brazos ramas”].
Sin embargo, el poema continúa y ese árbol en vez de convertirse en sagrado, en el axis mundi que une tierra y cielo, se transforma en musgo y “violetas que el viento sobrevuela”. Esa imagen se contrapone claramente con la estabilidad del árbol que los dioses hicieron crecer en socorro de Dafne. Es una imagen leve e inestable propia de la ontología oriental, es una “locura para el mundo” occidental.

El juego con las tradiciones, en una literatura de vanguardia.

“Imagismo no es simbolismo. Los simbolistas tratan con la asociación, una suerte de alusión, casi una alegoría. Los simbolistas degradaron el símbolo al status de la palabra. (…) Los vorticistas no tienen este curioso tic de destruir las glorias pasadas… No deseamos evadir la comparación con el pasado… El vorticismo es un arte intensivo”

17 julio, 2009

Las flores

El primer grupo de poemas tiene que ver con las flores. Los pétalos, los colores, el movimiento, las apariones de la naturaleza en los textos de Pound, y el lugar que ocupa en su poética.

La relación con las flores no es para nada inocente: supone un posicionamiento y un alejamiento, de las tradiciones cercanas como el simbolismo. Es
una acción liberadora de la naturaleza al nivel de las imágenes.
Las flores, arreglos florales, los pétalos y sus colores, dejan de ser objetos meramente descriptivos o de estar atadas al mito[1], para ponerse en función de la construcción de imágenes que hacen al poema.

Los ojos

Descansa, maestro, pues estamos cansados, muy cansados,

y sentiríamos los dedos del viento
sobre estos párpados que se nos cierran
húmedos y pesados como el plomo.


(...)

Libéranos, pues afuera hay hermosos colores,
el verde del musgo y el color de las flores,
y frescor bajo los árboles.

Libéranos, pues perecemos
en esta monotonía que no cesa

de feas marcas de impresión, negras
sobre el blanco de los pergaminos.

Libéranos, porque hay alguien
cuya sonrisa es más valiosa

que todo el viejo saber de tus libros,
y nos gustaría contemplarla.
Ilustración de Jimmy Chaban

¿Dónde está el verdadero saber? ¿Cuáles son los libros que pesan como plomo en los párpados del maestro y su discípulo? Son los libros que, según Pound, no pueden superar la monotonía de la letra impresa. Negro sobre blanco. Frente al intento de hacer poesía con los colores de las flores.

“El punto del imagismo es no usar las imágenes como ornamentos. La imagen es en sí misma el discurso. La imagen es la palabra que va más allá del lenguaje formulado”[2]

Esta cita está tomada del texto Vorticismo, que funciona como una especie de manifiesto del imagismo: una escuela de arte o un conjunto prácticas y principios vanguardistas, que tuvo a Ezra Pound como principal exponente en una de sus etapas.


ts´ai chi´i

Los pétalos caen en la fuente,
............los pétalos de rosas color naranja,
y su ocre se adhiere a la piedra.

...................................................
[1] ver Williams, Raymond, La política del modernismo. Contra nuevos conformistas. Manantial, Buenos Aires, 1997, capítulo 4 “El lenguaje y la vanguardia”, pág. 92.
[2] Pound, Ezra, “Vorticism”, tomado de Elliot Berry Th., Readings in American Criticism, The Odyssey Press, New York, 1970, pp. 182-195.

14 julio, 2009

Personae

Sólo los eruditos y los poetas se aventuran con esfuerzo por la senda hacia las etimologías y recomponen el habla lo mejor que pueden a partir de fragmentos olvidados. Esta anemia del habla moderna es estimulada por la escasa fuerza cohesiva de nuestros símbolos fonéticos. En una palabra fonética hay poco o nada que exhiba las etapas embrionarias de su crecimiento. No lleva su metáfora en la cara. Olvidamos que, una vez, personalidad significó no el alma, sino la máscara del alma.[1]

El libro se llama Personae, plural del latín Persona. Con este título Ezra Pound no sólo trae a nuestros días una de las primeras etapas etimológicas de la palabra de una forma erudita, sino que logra superponer los sentidos pasados y presentes: le imprime a la palabra la metáfora de su nacimiento.
En este libro Pound nos está presentando l
as máscaras de sí mismo y de su escritura, máscaras latinas, griegas, modernas, vanguardistas, anticuadas, provenzales, inglesas y orientales.

Sobre su rostro en un espejo

¡Oh extraño rostro ahí en el espejo!
Oh compañía impúdica, oh santo huésped,
oh pobre loco mío entristecido,
¿qué contestas? ¡Oh miríada
que se afana y actúa y se esfuma,
se burla, engaña, desafía!
¿Yo? ¿Yo? ¿Yo?
¿Y vos?[2]

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[1] Fernollosa y Pound, El carácter de la escritura china como medio poético, Alberto Corazón editor, Madrid 1977
[2] Ezra Pound, Personae, los poemas breves, Hiperión, España 2001

17 abril, 2009

Escatológicamente hablando

La escatología tiene dos definiciones: una fisiológica que se refiere al estudio de los excrementos y una filosófica/religiosa que se refiere a la vida después de la muerte (del griego ésjatos, ‘último’). Leer sobre la muerte, sentado en el inodoro, sería una buena forma de indagar escatológicamente un texto.


Leer en el baño siempre me pareció detestable. No tiene sentido ocultar la naturaleza humana detrás del diario de ayer, la canilla prendida y el desodorante de ambiente. Pero hay otras razones para llevar un libro al baño. Cuando lo único que hacés en todo el día es leer y leer y aún así te falta tiempo para leer, esos minutos que pasás sentado contando los azulejos, valen oro.

Campo Santo* de W. G. Sebald me llevó unos meses, porque las lecturas en el baño son breves, pero no por eso menos intensas. Y ya que hablamos de temas escatológicos, vamos a referirnos a la vida después de la muerte, o mejor, a la muerte como garantía de propiedad sobre la tierra.


Sebald emprende otro de sus viajes a pie para conocer los recovecos de la historia, los pequeños relatos que quedan opacados detrás de la épica de la Historia. En Córcega (Francia) lo esperan las huellas de Napoleón, pero también el pequeño cementerio municipal de Piana, donde no hay muertos de más de 70 años.


El cementerio es complejo. No sólo da cuenta del entramado de las diferencias sociales, reflejado en la distribución y calidad de las tumbas. Ni tampoco se queda en la relación naturaleza-muerte: las ofrendas de flores artificiales y eternas, frente a la maleza –más eterna aún- que quiebra el cemento. Sebald encuentra en el Campo Santo parte de la historia económica y social de Piana.


El cementerio fue fundado a mediados del siglo XIX, sin embargo recién lo empezaron a usar comenzado el siglo XX. Los muertos eran los contratos de propiedad sobre la tierra familiar. Enterrarlos en las casas era la renovación automática del contrato. Ningún terrateniente pensaba en mandar al exilio a su herencia. Los que no tenían tierra -pastores, jornaleros, campesinos, indigentes- se los metía en un saco cocido y se los enterraba en cualquier lado. Obviamente fueron los primeros en usar el cementerio.


“Era, como pude ver cuando franqueé la puerta de hierro que chirriaba en sus bisagras, un lugar bastante abandonado, del tipo no raro en Francia en que se tiene la impresión de que no se trata de una antesala de la vida eterna sino de una zona administrada por el municipio, destinada a los desechos seglares de la sociedad humana”


Tiro la cadena. El viaje sigue. Próxima parada, Los Alpes…


*Fue publicado en 2007 después de la muerte de Sebald. Incluye la novela inconclusa Campo Santo y una serie de ensayos literarios e históricos.

07 enero, 2009

Pesqué un Mairal


El sábado volví a insistir con eso de la pesca. Esta vez, el anfitrión fue el Ícaro, un barco para 30 personas que partió sin prisa a las siete de la mañana de Puerto Belgrano.

El saldo fue muy positivo: cero vómito, comida diez puntos, bebida diez puntos, una corvina de tres kilos antes del mediodía, tres o cuatro pescadillas, un gatuso, un gato pardo bebé, un millón de chuchos, una raya con espina venenosa y el final de la novela Salvatierra de Pedro Mairal.

El relato es breve, transcurre en Barrancales un pueblito cercano al Paraná, donde duerme la obra de Salvatierra: una tela continua de 42 kilómetros que no tiene bordes, que fluye como el río y se mezcla con el río y es un río. La tela de Salvatierra es una biografía en imágenes. Después de su muerte y la de su esposa, son sus hijos los que intentarán hacer algo con esa obra que junta polvo en un viejo galpón. Pero no va a ser tan sencillo, a ellos ese trabajo les va a significar tener que conocer a su padre, aunque no quieran.

Mairal tiene una escritura amable, medida. No hay excesos de ningún tipo, como tampoco falencias. La novela empieza y termina en el momento justo. En mi día de pesca, Salvatierra entra en el cajón de las pescadillas. Un buen libro para empezar el año, que no ronronea como la corvina, pero tampoco es como las rayas, que hay que golpearlas contra el casco del barco para que se asusten y se vayan lejos.



07 diciembre, 2008

Yo tengo fe

No hay nada más decepcionante que conocer a alguien que admirás. Darte cuenta de que esa persona en la que depositás tus deseos, es un simple mortal. Rímini y Sofía, los protagonistas de la novela El Pasado de Alan Pauls, de alguna manera cumplen esa función. Son un mito. La personificación del amor verdadero. La prueba de que es posible encontrar la otra mitad. Son novios desde la adolescencia, crecieron juntos, viven juntos y se insertaron en la sociedad como una unidad, no hay forma de pensarlos separados. Son una religión, pueden dar fe a cualquiera que descrea del amor.


Pero un día, después de doce años, deciden separarse. Volver a ser personas normales. Dejar de ser ídolos. Esa decisión hace que el mundo a su alrededor cambie. Que la fe se convierta en desamparo. Que el amor sea una tortura. Que el pasado sea un ancla encallada en el medio del mar, o simplemente unas fotos olvidadas.

Ahí empieza la novela. Buena suerte.

27 octubre, 2008

Apesta a espíritu adolescente

Cuando empecé a leer Rant, la última novela de Chuck Palahniuk, recién me había bajado No se si es Baires o Madrid, el nuevo disco de Fito Paez. Definitivamente no era la banda sonora para ese libro. Probé con Blur, brit pop y grunge tímido-medido. Estaba cerca, pero no, le faltaba agresividad. Entonces, inevitablemente leí el libro escuchando repetidas veces Nevermind e In Utero de Nirvana.

Aunque debo decir que lo leí por la mitad. Completé las 314 páginas y lo cerré con una sonrisa, pero la apestosa traducción se quedó con la otra mitad. La novela reconstruye la vida de Buster Landru "Rant" Casey, a través del testimonio de amigos, familiares, conocidos, científicos, historiadores, etc. Ese trabajo para crear más de 50 voces con características diferentes se quedó en la versión original. A mi me tocó leer palabras como choquejuerga, churrada, gilipollas, subidón y miles de expresiones por el estilo.

Arriesgo una definici
ón para Rant: es una mezcla de Volver al futuro con el furioso Incesticide de Nirvana. El futurismo con olor adolescente, engendra una asfixiante sensación de opresión y llama a una rebelión contra el sistema, como el más desagarrado grito de Kurt Cobain.

En las aventuras de Marty McFly, los avances tecnológicos son sinónimos de entretenimiento, son coloridos, las Nike se imponen como las zapatillas del futuro, no hay conflictos sociales a la vista. En Rant, todos los avances son herramientas del poder para manejar al pueblo. Abundan las teorías conspirativas y la enfermedad, una epidemia que amenace la forma de vida establecida, es tal vez la única arma de resistencia.



Les dejo este link, es la página oficial del libro en español. El video donde los gallegos representan a los personajes es una muestra de lo mala que es la traducción.

Notas para otra entrada: hablar de la llamativa reconstrucción del complejo de Edipo y de el nacimiento del héroe-mártir adolescente en Rant.

23 octubre, 2008

Hot dogs


Hace unos días, volví a ver Perros de la calle (Reservoir dogs), la primera de Quentin Tarantino y la que lidera el podio da las películas de mi secundaria (le siguen Pulp fiction, Los sospechosos de siempre, y más atrás Matrix y The Truman show).
Es una película con un guión tan simple y contundente, que es imposible de calificar, se eleva a otro plano. No hay forma de compararla con el resto.
Ante el complicado entramado de historias de Pulp fiction, RD presenta una trama redonda, casi obvia, contada de manera magistral.
Ante el despliegue de colores y de sangre de Kill Bill, a RD le basta con una tortura innecesaria que termina con una oreja en la mano del señor Marrón.

El diálogo intranscendente sobre cómo le dicen a las hamburguesas con queso en Francia es buenísimo, pero no supera a los 5 minutos iniciales de RD, esa mesa de mafiosos clase "B" que se juegan sus roles en una charla sobre Like a virgin de Madonna . Y a eso hay que sumarle la discusión acerca de la propina y la pelea por la elección de los colores que iban a usar de sobrenombres para cometer el asalto.

En fin, inspirados por todos estos hombres de traje negro, camisa blanca y corbata finita negra, en nuestro curso creamos un grupo comando, que cumplía misiones como robar las puertas del baño de Normal o realizar atentados nocturnos a compañeros de otros cursos que nos caían mal. Incluso convencimos a todos de entrar a la fiesta de egresados con el gran tema que abre Pulp fiction.



Los baños del Ciclo Básico tenían grandes espejos y azulejos blancos en todas las paredes. Parados contra la pared, imitando las posturas, queríamos ser Los sospechosos de siempre.

07 octubre, 2008

El primer trabajador


Laspada de Marcelo Díaz es el único libro que escuché más veces de las que lo leí. Allá por el 2004, la Cooperativa Editora EL Clamar preparaba su segunda edición, la preocupación principal en ese momento era hacer circular la poesía. Fotocopia, cartulina, abrochadora larga, refiladora y a vender. Tres libritos por tres pesos. Y resultaba, porque los libritos se vendieron de a montones, como caramelos.
Ahora pienso que
Laspada, fue uno de los libros donde mejor se conjugó la propuesta editorial de El Calamar con los poemas. Los pingos se ven en la cancha, dicen, y por eso Marcelo salió a ponerle la voz a los textos en varios recitales y encuentros. Los poemas salían al verde césped y el público respondía; entonces se pusieron la camiseta verde y se convirtieron en un poemario sobre el destino épico del duro zaguero aurinegro. (Escrito por un envidioso hincha de Villa Mitre y de River).

El libro nace de una pregunta: ¿Por qué la hinchada de aurinegra consagraba como ídolo a ese pelado gigantesco, medio robótico, no precisamente dotado para el juego bonito?

Que intenta responderla: Ni jogo bonito, ni magia, ni fútbol galáctico: épica. Laspada tenía estatura épica. [...] era de pronto una especie de Leónidas espartano-bahiense.


EL PRIMER TRABAJADOR

El Pelado Laspada es el abanderado
de los jugadores humildes;

día tras día,
semana tras semana,
mes tras mes y lo noventa
minutos completos que dura el cotejo,
el Pelado Laspada roe con tenacidad
el hueso de su torpeza:

marca / rasca / muerde / traba /

se pela el ukelele contra el verde,
la suda y con shot
ajustado y potente envía
el esférico a Puerto Belgrano,
donde los marines del Almirante Rojas
lo ven venir en llamas y creen
que se trata de un ataque terrorista
de la izquierda apátrida y peronista argentina.

FÁBULA ORIENTAL

El Pelado Laspada sueña que es Maradona
y cuando despierta no sabe
si es el Pelado Laspada soñando ser Maradona
o si es Maradona que flashea
ser el Pelado Laspada.



El autor dice que:

Laspada concentraba cosas que yo venía rumiando de años, por eso también salió rápido. Cierta grandeza en la limitación, cierta desmesura en la torpeza, que construyen una épica inversa: estamos orgullosos de no ser grandes, estamos orgullosos de no tener casi nada, etc. Me acuerdo de un partido de Villa Mitre en el Nacional B, contra Instituto en Córdoba. Instituto venía primero y era una máquina trituradora de rivales; Villa Mitre venía más o menos, pero el técnico, Titi Santanafesa, profesaba una suerte de filo brasilerismo delirante y declaró: Villa Mitre sale a atacar en cualquier cancha. En Córdoba, a los 10 minutos del primer tiempo, contra el puntero, Villa Mitre ganaba 2 a 0 de manera inexplicable y no paraba de atacar. A los 15 ganaba 2 a 1, a los 25 ya empataba 2 a 2. El partido, finalmente, lo ganó Instituto creo que siete a dos. Al otro día voy a la verdulería, y el verdulero, fanático enfermo del tricolor, me dice: qué cagazo se pegaron los cordobeses esos quince minutos! En Laspada está eso, y un cruce político de esa ética del perdedor, del que cae haciendo la suya y se enorgullece de eso, del que no gana una, saca pecho y dice: nadie pierde mejor que yo.

Lecturas

Apenas tuve un grupito de poemas los empecé a leer, mucho antes de publicarlos, y funcionaban muy bien en la lectura pública. Había una cosa teatral en la lectura que hacía, hablaba mucho antes de cada poema, contaba cosas:
leí esto, me contaron esto otro, me pregunté tal cosa... Lo gasté leyendo al libro! y después, sí, la edición del Calamar, que era ultra barata favoreció muchísimo la circulación. Me sorprendía gente que no leía poesía y me venía a decir que le había encantado Laspada. Una vez me dijeron: no sabía que se podían escribir poesías sobre estas cosas.

Corazón valiente y aurinegro


La verdad, no pensé mucho qué estaba haciendo, pero si lo veo a la distancia hubo una cosa performática en
Laspada: mucha lectura, charlas en escuelas, en el MAC estuve con Laspada y después nos invitaron juntos a una escuela: yo leía los poemas que decían que Laspada era un burro y Laspada estaba orgulloso sentado al lado. Después los pibes le preguntaban mil cosas, y ahí yo sentía que me había quedado corto, porque Mauro es un personaje increíble, hace chistes, se autoparodia, un tipo muy piola, muy querible, y jugando al fútbol, un performer. Finalmente le preguntaron: ¿qué cosa nunca harías en tu carrera?, Jugar en Villa Mitre contestó, y me vino a abrazar mientras los pibes se cagaban de risa de mi cara.