18 octubre, 2010

Twitter y el lenguaje de Estado



El tema acá es quién y cómo se encarna la voz del Estado. ¿Siempre que la presidenta se expresa públicamente lo hace en nombre del Estado? ¿Cuándo Cristina habla, habla la Argentina? Yo pienso que no. De ninguna manera una persona puede ser la voz del Estado en todo momento. Por eso, no es el mismo lenguaje que Cristina utiliza en una cadena nacional, en un discurso político, en una entrevista sobre su vida, en la asamblea anual de las Naciones Unidas o en su cuenta de Twitter.

La presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, Cristina, la abogada, la legisladora, @CFKArgentina, la militante, la jefa de Estado, la peronista, la mujer. Son todas la misma persona, que se expresa de la forma que considera más adecuada al medio, al contexto y a la audiencia a la que se dirige.

Cuando esos 140 caracteres cambian de soporte, de audiencia y de contexto, sin la debida explicación y sin dimensionar el alcance real de esas palabras, el problema es del medio y no del mensaje.

Una actitud que se le ha criticado a la presidenta es no hablar a cámara en las cadenas nacionales. Siempre habla al público: ministros, intendentes, gobernadores, funcionarios y personas relacionadas con su anuncio. Aunque no sea la forma más efectiva de comunicar, yo reivindico esa escena. Porque ahí está hablando el Estado. Ella es la voz, legitimada por el Estado que la rodea. Y en esos discursos es donde hay que juzgar el lenguaje que utiliza como jefa de Estado.

La presidenta hace el reclamo por Malvinas ante la ONU, con más firmeza que ningún otro, y lo continúan los cancilleres y diplomáticos. Ahí es donde el Estado le habla al mundo. ¿Cómo es posible que Morales Solá compare el "Piratas for ever" que tiró Cristina en Twitter con las palabras Galtieri?

No se puede quitarles el contexto a las palabras. Si querés saber cuál es el lenguaje del gobierno: tenés que leer todos los discursos oficiales. Si querés ver cómo se relaciona con otros países el Estado argentino: mirá el discurso ante la ONU. No Twitter. No una red social, en donde Cristina le habla a 140.000 seguidores.

Lo que dice ahí te puede parecer mejor o peor, te puede parecer adolescente, divertido, una falta de respeto, un atropello a la razón o una genialidad. Pero estamos hablando Twitter: la opinión, sentimientos, apreciaciones, chistes malos, intereses y modismos, de una persona en una red social. Una mujer a la que le toca presidir la Argentina y elige no ponerse en pose.

En Twitter, Cristina se define como "peronista, abogada, presidenta de la Nación", en ese orden. Cuando habló en el Luna Park, empezó diciendo "No vengo a hablarles como presidenta, les voy a hablar como militante". En River, se posicionó como trabajadora. Esas aclaraciones nos están pidiendo más esfuerzo a la hora de escuchar e interpretar.

Tener una presidenta con conciencia del lenguaje, nos debería exigir poder ver sus distintas facetas, entendiendo el contexto y sin sobreactuar las "formas" institucionales.

4 comentarios:

paniagua dijo...

Buen post, Mati.

Y soy de los que les molesta que las cadenas no sean directas al ojo del televidente. Sobre todo cuando empieza con el "querdias madres, abuelas, hijos, nietos recuperados, nietos por recuperar, primos de desaparecidos..." y se abre el árbol genealógico hasta el infinito del bosque en el que están (estamos) perdidos. ¡Que le hable mirando a los ojos a los oligofrénicos a los que les interrumpió Rial, la Canosa o la novela de Suar!

No obstante, están buenos estos apuntes, por más que la presidenta es la presidenta, y medio que no está mal esa exigencia republicana que pide formas que asuman representaciones más amplias (que incluyen a los "que no la votaron"). Lo que planteás vos, que es un fondo con el que estoy de acuerdo, también me hace pensar en un ideal republicano, porque supone que el lugar presidencial y estatal está tan instituido que permite esas flexibilidades de la persona, ese "ir y venir" que no altera la seguridad de qué cosas se dicen y en qué marco se dicen.

Un abrazo.

Matías dijo...

También acuerdo con esa de que la presidenta hable a cámara en la cadenas. Pero hay que destacar que la forma que se le da hoy a esos actos no es inocente. No llevan a 100 boludos para que aplaudan. Es el estado. El estado hablándole a la gente.
Después, si analizamos los discursos oficiales, está bien pedirles representatividades más llanas.

Yo creo en eso de que la presidenta pueda "ir y venir" sin afectar la institución que representa. Que pueda mostrarse como persona en todas sus facetas.

Mendieta dijo...

Bueno. Esa tensión que marcás, esas distintas marcas de enunciación, son correctas. Y comparto que uno debe poner sintonía fina a la hora de analizar. El tema es que tu mensaje, aún en la supuesta inmediatez (en el sentido de sin medios) de tuiter, siempre se te escapa. Cuando yo digo que no me gusta lo digo en el más ramplón de los pragmatismos: creo que no le hace bien. Ni a la peronista, ni a la militante, ni a la abogada ni a la presidenta. Se entiende?

Matías dijo...

Mendieta, yo lo que digo es que no me morfo la descalificación del Twitter de la presidenta haciendo una sobre actuación de las formas institucionales.

Después, si le sirve o no políticamente, si la manipulación que hacen los medios de ese mensaje, se convierte en el mensaje: es otra discusión. Yo creo que no les hace ninguna gracia a los grandes medios correr atrás del Twitter de la presidenta.