En el 2009 andaba en la búsqueda del gen peronista que, suponía, tenía dormido desde los '90 en algún lugar de mi ADN. Entonces escribí dos posteos (1, 2). En el segundo decía algo así:Como en la cancha, pero en la calle, mientras el bombo desafina entre las banderas, las palabras retumban cargadas de significado, atravesadas por la historia y tensionadas por el lenguaje popular. Si gritamos levantando una bandera es porque queremos que nuestro mensaje se escuche. Entonces, vale ponerse a pensar qué mensaje queremos dar.
La variedad de cantitos es mucha: hay algunos con más épica, otros con más tablón, otros con humor. Pero hay dos que me parecen significativos para indagar un poco qué pasa entre las juventudes kirchneristas y el lenguaje.
Remasterizar el discurso setenstista para que suene igual pero mejor, no sirve para construir kirchenrismo. Y este cantito es sólo un ejemplo que vale para todas las manifestaciones que intentan crear un puente afectivo y efectista entre la militancia de los '70 y la del 2010, pasando por alto toda nuestra historia democrática.
Nosotros no levantamos las mismas banderas que los 30.000 desaparecidos. Las entendemos, las defendemos, nos conmovemos con su lucha, pero ya no las levantamos. No queremos la revolución. Nosotros pedimos justicia, cárcel a los genocidas y también pedimos profundizar un modelo económico capitalista con más Estado, con más producción y redistribución de la riqueza. Porque somos hijos del uno a uno y de los indultos de Menem y Cavallo. No del exilio de Perón y el Cordobazo.
Lo que hace ruido es la extrapolación ideológica que nos hace repetir sin reflexión los grandes éxitos Montoneros. La actualización más seria e inteligente del discurso Montonero es Bombita Rodríguez. Cuando levantamos las banderas del Néstornauta, tenemos que ser concientes de que esa caritura representa el encuentro de la política y la posmodernidad. No seamos caricaturas de nosotros mismos pidiendo por la revolución que no fue.
(Leer completo "Mi único héroe")
El héroe kirchnerista intuye, e intuye porque sabe de sus limitaciones, que no hay más revolución que un reformismo consecuente y obstinado. Y entonces sube las escaleras de a un escalón aunque le sobre aire para hacerlo de a dos. Pero el héroe kirchnerista quiere ganar maratones y cuida el aire.
(...)
El héroe kirchnerista no es ministro, ni secretario de Estado, pero querría serlo y capaz, incluso, lo es. Porque sabe que es en el Estado, en la administración, en los pasillos grises de los ministerios, en los achatados organigramas de provincias y en las oficinas con tubos de neón de las municipalidades, que se hace carne el sentido humildemente trascendente del hacer política.
(...)
El héroe kirchnerista se conmueve con el pasado, lo honra y lo respeta. Pero ha decidido que ya hubo demasiada oscuridad como para enarbolar consignas que idolatren la muerte. Por eso no está dispuesto a dar la vida, sino a vivirla en una comunidad que viva mejor. Por eso, el héroe kirchnerista es profundamente democrático y gusta de ganar elecciones.
(...)
El héroe kirchenrista, amigos, lleva, bajo el brazo, un expediente. O un acta de constitución de una cooperativa. O una libreta donde están las vacunas para cobrar la AUH.


2 comentarios:
estuve leyendo tu blog matías, está muy bueno y te voy a afanar alguns cosas. Con respecto a lo de Sarlo, no te olvides que su libro debe haber subido algo en las ventas luego de ella ir a 678. Y ella mismo acpta que el kirchnerismo va ganando la batalla por el sentido común, y ahora confunden esto con monopolio mediático, son patéticos,un abrazo militante.
Fernando, gracias por pasar y por el comentario. Obvio, Sarlo no es ninguna boluda, quiere estar en el centro del debate político. por eso va a 678
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