21 julio, 2009

Suenan trompetas

Al son desafinado de una vieja trompeta, se largó un debate que puede resultar muy interesante.

Hace unas semanas, publicaba un fragmento de un artículo de la revista Planta en el que se critica a tres proyectos regionales, entre los que se encuentra el Archivo White.

Hoy, Marcelo Díaz y Nicolás Testoni, que trabajan en Ferrowhite, elaboraron y publicaron una respuesta minuciosa al artículo Arte y reconciliación, de Lucía Bianco y Luciano Campetella.

Unos plantean que la estetización del individuo y sus circunstancias son una forma de reconciliar y borrar las diferencias sociales.

Los otros le responden que esa lectura está basada en un recorte incompleto, que deja de lado la totalidad del proyecto mediante una metodología errónea de buscar causas-consecuencias.


En fin, un museo que trabaja con la comunidad debate ideas con dos críticos de la revista Planta (que trabajan en otro museo que trabaja con la misma comunidad). Es importante que esto suceda en una ciudad donde hay museos que pareciera que se esconden bajo tierra.

Los artículos completos:


Contigo en la distancia (Díaz-Testoni)

Arte y reconciliación (Bianco-Campetella)

24 comentarios:

Anónimo dijo...

lei los dos artículos , coincido con el de Bianco , de todas formas bien por el debate

Anónimo dijo...

Esperaría que este espacio no censure los comentarios que deberían contribuir al intercambio de perspectivas, como sucede en el blog de Acción Litearia, cuando no tiene respuestas.
Ahí decía: Proponer que un trabajador jubilado se muestre como chaplinesco, no sólo es ingenuo, también políticamente peligroso. Fragmentar la Historia y disiparla es eficazmente reaccionario.

Matías dijo...

Anónimo, todo bien con que expreses tu opinión, no tengo problema en publicar lo que sea, pero te digo dos cosas:
1 El anonimato te quita bastante autoridad para andar juzgando a los demás
y 2, este blog también modera comentarios y la moderación NO es censura. Mientras el criterio de moderación sea claro no veo el problema.

Nicolás Testoni dijo...

En ningún momento Archivo White propone que un trabajador jubilado se muestre como “chaplinesco”. Esa es una apreciación propia del valiente comentarista anónimo que, nada ingenuo, intenta atribuirnos esa ingenuidad. En nuestras notas a “Arte y reconciliación” mostramos cómo una expresión similar (“completamente ridículo”) se sostiene en un desconocimiento del proceso de producción de las obras, en una descripción sumamente parcial de las escenas en cuestión y en serios prejuicios respecto de lo que un trabajador puede hacer y el público de las obras entender.

Por otra parte, “fragmentar la Historia y disiparla”, supondría poseer de antemano un saber completo de esa Historia, o de la lógica interna que regiría su desarrollo. Admitimos no estar en posesión de tal conocimiento. (Ya ven, ninguno de nosotros se apellida Hegel). Pero sospechamos que si Bianco, Campetella y su ignoto defensor, se sienten con derecho a reprocharnos esa falta, es porque se creen capaces, además, de reivindicar como propio el privilegio de semejante posición omnisciente.

En “Contigo a la distancia” señalamos cómo el teatro documental se vincula a los objetos, las imágenes, los textos y las voces que permite apreciar el museo, para así proponer a los visitantes la construcción colectiva de un “relato mayor”. Quienes sienten la necesidad de denunciar esa construcción como una tentativa reaccionaria por “fragmentar” y “disipar” la Historia, no ven en realidad amenazada la Historia, sino su propia concepción de la relación entre la Historia y sus protagonistas. Una concepción en la que el segundo término se encuentra determinado a priori por el primero, que tiende a ser definido, a su vez, en abstracto.

Sin reparar en que tan burdo y anacrónico materialismo constituye la peor forma de idealismo, nuestro comentarista anónimo se limita a repetir los argumentos de Lucía y Luciano, sin poder responder a ninguna de las observaciones que rebaten esos argumentos. De manera que, amigo anónimo, no es que no haya respuestas para sus comentarios, simplemente repetirlas cansa.

Marcelo Díaz dijo...

Coincido con vos totalmente, Matías respecto a la moderación, y es lo que puse en Acción Literaria: pongan nombre y debatimos todos. Por otro lado, no es un comentario que moderé, es un comentario que borré en una serie que terminaba lisa y llanamente con una agresión. Y no era como estaba posteado acá, decía Proponen que un trabajador jubilado se muestre como chaplinesco, y encima lo justifican, eso de canal Volver, pásenme un pañuelo.
Un debate pasa por argumentar con cierto criterio, eso hicieron Bianco y Campetella, eso hicimos yo y Testoni, y eso han hecho varios de los que están dejando comentarios en Acción. Lo otro, dejar comentarios sin fundamento, chicaneando, me divierte y puedo seguir el juego (de hecho lo hice y también borré mi comentario), pero no tiene nada que ver con debatir, está más cerca de la lógica de la tele: te pongo un micrófono y decís cualquiera. Traté que el debate no derrapara en esa dirección.

Marcelo Díaz dijo...

lei los dos artículos , coincido con el de Díaz y Testoni , de todas formas bien por el debate

Nicolás Testoni dijo...

A favor del “intercambio de perspectivas” que reclama, tratemos de hacer con las palabras de nuestro comentarista anónimo, aquello de lo que parece incapaz: que resulten interesantes. Tal vez no hemos sabido advertir en su uso de la palabra “chaplinesco” un verdadero aporte al debate. Quiero decir, puede que nuestro amigo no comprenda a Marto y Caballero, pero sí a Chaplin.

“Chaplin siempre ha visto al proletario bajo los rasgos del pobre: de allí surge la fuerza humana de sus representaciones, pero también su ambigüedad política. Esto resulta visible con claridad en ese film admirable que es Tiempos modernos. Ahí Carlitos roza sin cesar el tema proletario, pero jamás lo asume políticamente; nos ofrece un proletario aún ciego y mistificado, definido por la naturaleza inmediata de sus necesidades y su alienación total en manos de sus amos (patronos y policías). Para Chaplin, el proletario sigue siendo un hombre que tiene hambre. Y las representaciones del hambre siempre son épicas; grosor desmesurado de los sándwiches, ríos de leche, frutas que se arrojan negligentemente apenas mordidas. Como una burla, la máquina de alimentos (de esencia patronal) proporciona sólo alimentos en serie, pequeños y visiblemente desabridos. Sumergido en la hambruna, el hombre Carlitos se sitúa siempre justo por debajo de la toma de conciencia política. […] Históricamente, Carlitos representa, más o menos, al obrero de la restauración, al peón que se rebela contra la máquina, desamparado por la huelga, fascinado por el problema del pan (en el sentido propio de la palabra), pero aún incapaz de acceder al conocimiento de las causas políticas y a la exigencia de una estrategia colectiva. Pero justamente, porque Carlitos aparece como una suerte de proletario torpe, todavía exterior a la revolución, su fuerza representativa es inmensa. Ninguna obra socialista ha llegado todavía a expresar la condición humillada del trabajador con tanta violencia y generosidad.” Barthes, Roland. Mitologías, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 1987. Pags. 41 y 42. (¿Saben en qué cocina leí por primera vez este texto? ¿Hace falta aclarar, muchachos, que uno quiere el bien de ese lugar tanto como ustedes?).

Conclusión: ¿No habremos malinterpretado a nuestro amigo? Su anonimato no es cobardía, ¡Es simple modestia!

Anónimo dijo...

Sr. Diaz. Estrellar citas de su biblioteca contra los conceptos no es rebatirlos, aunque parece un método usual en ud: en sus notas con título de bolero lo usa con frecuencia; se hace difícil encontrar un trabajo retórico tan detallado como ese que termina por ratificar lo que quisiera rebatir. Debe hacerse cargo, su mirada es "estetizante" y su finalidad "reconciliatoria". Tanto palabrerío para acomodar eso, nadie puede creer hoy en los proyectos perfectos ni en los debates sin autocrítica. Una vez que "baja el dedo pedagógico" no hace mal escuchar, malo es cerrarse así. Aproveche, que es gratis.
Con respecto al otro Sr. no se entiende lo que escribe y si habla así con los trabajadores, no va a ser interesante conocerlo.
Otra cosa. "A R. Dalton lo mataron los compañeros". Eso dirían el que lo mató. Debe tener más cuidado, es fácil trabajar de oficialista.

Ana Miravalles dijo...

Pregunto: ¿es posible seguir discutiendo con alguien que no da su nombre? ¿Damos por descontado que Anónimo es uno de los dos autores de "Arte y Reconciliación, Lucía Bianco o Luciano Campetella?

Marcelo Díaz dijo...

Querido Anónimo, la verdad, para que haya debate se necesita exponer ideas, cosa que usted, hasta el momento no ha hecho, decir "estetizante", "oficialista", "conciliatorio", "Historia" es aplicar simplemente etiquetas, cosa que al parecer hace muy bien, sin saber cómo llevarlas más allá. Por otro lado, es obvio que alguien como usted no entienda lo que escribe Testoni, porque en general no parece estar en condiciones de entender demasiado. Y por último, por qué sigue firmando como anónimo ¿cuál es el problema con poner nombre y apellido? ¿de dónde esa vergüenza? ¿debemos creer que Ana Miravalles da en el clavo? Por mi parte, no encuentro ningún interés en seguir hablando con alguien que repite lo mismo desde el primer post, con el loro de mi tía se tienen conversaciones más interesantes.

Anónimo dijo...

Campetella, qué calentito que te quedaste!!!!! Te podaron la planta y no te da ni para poner tu nombre!

Marcelo Díaz dijo...

Querido Anónimo, basta de pelear! Si sos proletario te propongo que nos reconciliemos.

Nicolás Testoni dijo...

Tal parece que en sus manos, amigo anónimo, los libros se convierten en ladrillos. No se le ocurre que puedan servir para otra cosa que para estrellarse contra algo. No le pedimos, sin embargo, que los abra. Solo nos permitimos insistir en que lea, de una buena vez, nuestras notas. En ellas encontrará que hay referencias a otros textos, pero no “citas” de esos textos. El conjunto casi completo de las citas incluidas en “Contigo a la distancia” corresponde a fragmentos de “Arte y reconciliación”. Esas citas están allí para ser confrontadas con aspectos de nuestro proyecto que Lucía y Luciano deben omitir o tergiversar a fin de salvar su argumentación.

De manera que los conceptos de “Arte y reconciliación” no se estrellan contra nuestra citas letradas, se estrellan, en primer lugar, contra los hechos: El trabajador en escena que se postula aislado de la Historia, se encuentra en realidad enmarcado por un museo que no es otra cosa que un intento sostenido por construir esa Historia. La reflexión general que se reclama salve la descripción del patio de Pedro Caballero de la “fascinación ante el singular”, se encuentra allí mismo, solo que un poco más adelante, en un texto que, resulta evidente, no ha sido leído completo. El comentario periodístico que se cita para aludir al efecto que producen las obras no corresponde en realidad a ninguna de las obras del proyecto… y así.

La referencia a otros textos en el margen colabora, según entendemos, a documentar la discusión. Que un procedimiento tan ordinario le parezca al comentarista anónimo reprochable, sólo demuestra su ignorancia completa de las más elementales convenciones del diálogo crítico. Para nuestro amigo la discusión se reduce a que nos hagamos cargo de sus opiniones, sin aportar otras razones que su terca negativa a discutir nuestros puntos de vista. Por supuesto, no creemos en los “proyectos perfectos” ni en los “debates sin autocrítica”. Simplemente no nos avenimos a aceptar sin más las conclusiones de dos críticos (y un anónimo defensor de oficio) que cuestionan sin matiz nuestras prácticas, falseando la descripción de esas prácticas, y escamoteando su propio hacer a la (auto)crítica. (Translation for dummies: Sin buenas razones, Lucía y Luciano no dicen nada bueno de los proyectos que analizan y literalmente no dicen nada del proyecto en el que participan).

Por cierto, a nuestro amigo anónimo le molestan nuestras citas pero no es capaz de citar ni el epígrafe que encabeza nuestras notas sin equivocarse. El famoso dedo no es “pedagógico”, estimado anónimo, es “didáctico”. ¿Tendremos que levantarlo esta vez nosotros para dictarle, con paciencia, “di-dác-ti-co”? Si no está de acuerdo con lo que decimos, ¿Es mucho pedir que sepa expresarlo correctamente? ¿Qué quiso decir, por ejemplo, con “Eso dirían el que lo mató”? Usted escribe así y afirma que no me entiende. Usted escribe así y cree que para ahorrarse el trabajo de discutir conmigo, le alcanza con decir que no me entiende. Le juro que nunca había polemizado con alguien cuyo mejor argumento consiste en confesar alegremente su estupidez. Tal vez en lugar de preocuparse tanto por como hablo con el resto de las personas, le convendría no presuponer en esas personas las limitaciones que le son propias. Por otra parte, estas palabras, se lo aseguro, las guardo solo para usted. Porque como todos vamos viendo, usted es especial.

[Como decía Marcelo más arriba, nada nos cuesta responder a las provocaciones, pero el juego, en definitiva, aburre. De aquí en más nos limitaremos a responder a los comentarios que aporten ideas al debate].

Anónimo dijo...

Ni Lucía Bianco ni yo, que firmamos y difundimos la nota publicada en Planta, estamos haciendo comentarios como "Anónimo". Lo que querramos decir, lo diremos con nombre y apellido.
Luciano Campetella

Ana Miravalles dijo...

A esta altura, ya leimos el texto de Cmpetella y Bianco, leimos el texto de Díaz y Testoni; ya leimos en Acción Literaria y en este blog varios aportes a la reflexion, reacciones y comentarios; hubiera sido interesante que los argumentos a favor de lo afirmado en Planta hubieran sido firmados -no anónimos-, y aún más, que los propios autores de ese texto hubiesen dicho lo que querían y creían adecuado para rebatir o explicar lo suyo; pero bueno, así se dio.
A los que han venido siguiendo esta discusión y no han visto las obras del proyecto Archivo White los invitamos a que vengan a ver las próximas funciones. Ojalá que al menos estos intercambios ayuden a ampliar/cuestionar/refinar nuestros puntos de vista y criterios para el análisis y la acción.

Matías dijo...

¿Cuándo son las próximas funciones?

Natalia Martirena dijo...

Pensamos en el último fin de semana de Agosto, aunque depende de cómo siga el tema gripe. En cuanto definamos una fecha, haremos difusión.
Mientras tanto, invito a visitar http://hoynotengoqueirabosnia.blogspot.com/
que acabo de actualizar con algunos apuntes de trabajo referidos al proyecto Archivo White.

Mar dijo...

Yo puse un granito de arena en mi blog, espero que la cosa siga. Hay que ser muy valiente para creer en la polémica.

Acuerdo plenamente con que los anónimos no merecen ni leerse ni considerarse, no veo ninguna razón en el universo para que una persona no pueda poner su nombre junto con su opinión. Me da tristeza.

Ignacio Amodeo dijo...

Leí tu blog, Mar, y me parece lindo que siga el debate, porque lo positivo de la primer Planta fue que al fin alguien piensa algo distinto acerca del show antropológico de los museos -ambos- portuarios. Pero porqué entre los Lucios y los Merlines solamente? Discusión abierta entre todos, che! Lo primero que se me viene a la mente es que en una pelopincho con barro luchen hasta la muerte Sergio y Reinaldo, como correspondería. Pero un poquito más constructivo es que el debate lo demos todos. Porque a la primera reacción de Marcelo, pura pasión y cero humor -me extraña, che!- puede venir algo más constructivo. ¿Porqué lo que venimos haciendo, inclusive con muy buena leche, es incuestionable? ¿Porque costó mucho esfuerzo y cariño hacerlo? Cuestiono mal cómo eduqué a mis hijas. No vas a cuestionar cómo enfocaste un laburo? Nadie habló de mala leche, me parece. Besos a todos. nacho.

Lolo Vlem dijo...

Discusión en casa.

Hace unos meses, cuando el calorcito estaba presente por estos lares, me junté a charlar un rato con Marcelo Díaz y Natalia Martirena sobre el trabajo Archivo White que vienen desarrollando con el proyecto de Teatro Documental. La idea era realizar alguna cobertura periodística que está aún pendiente.

Ahora me encuentro con una interesante discusión sobre este tema.

Parece que todo esta pasando con la alegría de despertarnos, con la osadía de hablarnos de y entre nosotros. De los que hacemos.
Se están generando discusiones de crecimiento, discusiones de visiones personales, acotadas y amplias, ignorantes e ignoradas. Análisis de textos muy meditados y comentarios “Bloggeros” desde una visión partida.
Todos tenemos el derecho enorme de la Libertad de Expresarnos, de decirnos lo que nos parece lo del otro. De hacerlo con la mejor Leche. La de construirnos juntos.
Entiendo que estamos teniendo los buenos efectos de empezar a discutirnos. De hablarnos y poder plantear que nos pasa con lo que hace el otro.

Tengo para mí, la esperanza de refutar a Borges, que rezaba en Utopía de un hombre que está cansado: “A juzgar por las ruinas de Bahía Blanca, que tuve la curiosidad de explorar, no se ha perdido mucho”.

Me alegro por esta discusión en casa.

Lolo Vlem

http://niseteocurracontarlo.ning.com/group/teatreros

Marcelo Díaz dijo...

Nacho, si hay algo que no me falta es sentido del humor, pero en algunas cosas hay que tener un mínimo de seriedad. Eso (simplemente eso) es lo que reclamamos del artículo de Planta: seriedad y rigor crítico para poder sostener un debate. Por supuesto que no consideramos que lo que hacemos sea incuestionable, simplemente señalamos la manera parcial en la que el proyecto se mira y una serie de tergiversaciones que analizamos en detalle, y que tienen que ver con los cuestionamientos que se hacen. Eso de ninguna manera quiere decir que creamos que el proyecto es perfecto y de hecho en el blog Archivo White y en Museo Taller se van llevando apuntes de trabajo que cambian con el avance del trabajo, cosas que se revisan, otras que se abandonan. Y están para que los lea quien quiera hacerlo, desde hace tres años. Por otro lado, Nacho, no me interesa trasladar peleas personales (sea en barro, en pelopincho, o donde se te ocurra) a lo que se pretende que sea un debate de ideas. Tampoco me interesa abonar a la pelea entre los dos museos, que no es tal. Lo digo acá y lo puedo repetir todas las veces que haga falta: Ferrowhite no sería posible sin el Museo del Puerto, es el antecedente, y también el modelo, el referente ineludible, por experiencia y calidad de trabajo. Y con Sergio me une una historia de años, que te la puedo resumir en dos palabras: afecto y admiración. Después, cada cual (vos, yo, cualquiera) puede ponerse verde porque odia a tal o cual persona. No está eso en juego en este caso.
Y Nacho, la discusión está abierta desde que subimos el artículo, no se a qué viene tu reclamo. Están, como te decía, los blogs de Ferrowhite donde cualquiera puede dejar comentarios. Es más, el año pasado formé parte del colectivo Mil Macetas, que entre otras cosas propició la discusión y el intercambio de experiencias entre muchísimos proyectos artísticos y sociales de la ciudad, como este que ahora se ha puesto en foco. Digo, trabajo desde hace muchos años, con mucha gente, tratando de generar espacios de encuentro, producción, y debate. Algunos salieron mejor que otros, algunos no salieron, no soy complaciente con lo que hago, y jamás le rehuí a la discusión. No soy un paracaidista, hablo desde mi hacer, con el que se puede coincidir o no.
Ah, y tus hijas son dos pibas increíbles, tengo la suerte de conocerlas a las dos, no te cuestiones tanto.
Un abrazo

Marcelo

Luciano Campetella dijo...

Hicimos una respuesta con Lucía. Está en la página:

http://paraseguireldebate.es.tl/

Todos invitados a seguirla, entonces.

Ignacio Amodeo dijo...

Marcelo. Respondí a un post de Marina -en su blog!-, de ahí eso de abrir y que ne quede entre los dos bandos. Y nunca inerrumpiría una rica discusión de ideas -no es mi idea- la indiscutible verdad de que lo de la pelopincho se tiene que hacer sí o sí. La siempreverde está bueno como lugar neutral.

Marcelo Díaz dijo...

Yo creo que más neutral sería la cancha del Club Libertad, en Villa Rosas, que además tiene tribunas. Podemos discutirlo.