07 octubre, 2010

Sensibilidad política

"Además tenía la sensación de que en la Argentina había una especie de retorno total, no sólo de ciertas figuras políticas, sino sobre todo la idea de que se reinstalaba una sensibilidad de época a la vez extraordinariamente anacrónica y pertinente como la de la década del 70. Esa es una operación de sensibilidad política increíble de parte de los Kirchner. Haber repatriado discursos, retóricas, frases hechas, gesticulaciones, comportamientos, maneras de pensar, estilos de vestir… y que eso suene pertinente o necesario, bienvenido, es algo raro pero que no se puede dejar de reconocer."

Entrevista de Maximiilano Tomas a Alan Pauls

Notas de lectura:


04 octubre, 2010

Es la economía, estúpido

Las últimas tres novelas que leí/reseñé tienen que ver con los '70: las dos de Alan Pauls (Historia del llanto e Historia del pelo) y la de Pola Oloixarac (Las teorías salvajes). Ahora es el turno de Blanco nocturno, de Ricardo Piglia.


Las primeras tres, a su manera, intentan abrir grietas en la #victoriacultural del relato de la izquierda sobre la dictadura y la militancia setentista.

Pola hace una revisión crítica, en cuanto relato que simplifica la realidad proponiendo una épica de héroes y malvados, que no puede dar cuenta de los procesos históricos que continuaron hasta el presente. "Tener una izquierda triunfal en el ámbito cultural tiene consecuencias peores que simplemente malas películas".

Mientras que, Pauls busca los caminos laterales de la intimidad y el relato autobiográfico de un chico/adolescente/joven que
no vivió los '70 como después los leyó: siguiendo el manual del militante revolucionario.

La última novela de Ricardo Piglia,
Blanco nocturno, toma otro camino y otra temática para abordar la misma década. Muy lejos de la vanguardia estilística de Pola y del relato autobiográfico de Pauls, Piglia se para en el centro mismo del campo literario argentino para hablar del campo y dice: "Mi gesto de vanguardia es hacer una novela tradicional".

Blanco nocturno es un policial a veces clásico, otras negro, que transcurre en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, en el medio del campo. Con personajes arquetípicos (el detective, su ayudante, la familia rica y poderosa, el foráneo muerto, los sospechosos) y otros clásicos de Piglia como el periodista Renzi.

Pero el elemento que trae al presenta a esta historia, extemporánea y escrita en un género anacrónico, es la motivación del crimen: un asesinato financiero, que responde más a un orden macro-económico que a las pasiones personales.

La tierra como valor de cambio y elemento de poder en la Argentina de los '70, el intento levantar una fábrica de autos en el medio del campo con una economía atada al dólar, especulaciones financieras, plata no declarada: son parte de la intriga de la novela. Intriga que se pone en juego en disputas familiares de antaño.

"La historia política argentina se movía a ras de tierra, mientras los acontecimientos pasaban por arriba como una bandada de golondrinas que emigran en invierno, y los habitantes del pueblo representaban y repetían sin saberlo viejas historias."

Esta novela, que se desarrolla en la antesala de la vuelta de Perón (1971), atraviesa un momento de re estructuración económica que luego, con la profundización del modelo liberal, marcaría la marcha del país en los siguientes 30 años. Los mecanismos de defensa de esa estructura de poder económico fueron los que intentaron desestabilizar al gobierno actual en 2008, utilizando la figura mítica de "El Campo".

"Lo que hay en la novela son algunos elementos que luego, con el conflicto del campo, se actualizaron. Y en verdad es un tema permanente. Tiene que ver con la propiedad de la tierra, negocios con la tierra. Yo no intenté ser anacrónico, pero digo un poco en broma que esta es mi novela sobre el campo, mi intervención en el debate del conflicto del campo", dice Piglia en una entrevista de Claudio Zeiger para Radar Libros.

No creo que sea productivo buscar en
Blanco nocturno llaves para leer el conflicto del gobierno con las patronales agrarias/mediáticas. Simplemente, se puede llegar hasta ahí siguiendo la clave de la economía de los '70. Clave que Piglia, desde el centro de la escena, pone en el centro del campo literario para dialogar con la ficción actual y tensionar los relatos establecidos.

***

"Las determinaciones económicas, geográficas, climáticas, históricas, sociales, familiares pueden, en ocasiones muy extraordinarias, concentrarse y actuar en un solo individuo. Ése es mi caso. (dictado a Schultz)", por Luca Belladona.

18 septiembre, 2010

El fetichismo de la memoria




Para representar el estereotipo del militante setentista, Peter Capusotto se pone una peluca ondulada, un bigote fornido y listo: es Bombita Rodríguez, el Palito Ortega Montonero.

¿Una época puede leerse en una peluca? En su color, su textura, su uso. Acabo de leer Historia del pelo de Alan Pauls, lectura que me llevó a ver la película Los Rubios de Albertina Carri y a pensar sobre el tema. La memoria como un fetiche rubio, imposible de peinar.

El libro de Pauls es parte de la serie que comenzó con Historia del llanto y terminará con Historia del dinero. Estas novelas breves intentan abordar la década que marcó los últimos 30 años de la política y la economía argentina, huyendo de los discursos establecidos y contra-establecidos hacia una intimidad atravesada por la historia.

Historia del pelo no tiene la solidez de la primera novela que, a pesar de ser fragmentaria y por momentos difusa, expresa con una fuerza demoledora el problemático cruce entre autobiografía-ficción-realidad e historia. Esa fuerza que comparte la película de Carri, un documental sobre la memoria que se anima a desafiar al testimonio de las víctimas como puerta al pasado.

La novela es un continuo de recuerdos, imágenes y situaciones que nos lleva sin respiro hasta el punto final. Como una cabellera que nunca fue cortada: mechones brillantes, otros demasiado largos, graciosos o filosos. La unidad la da el personaje principal y su obsesión con el pelo, y el escritor con su obsesión con la frase.

En el medio: pelo, peluquerías, peinados, frivolidad, abortos, desamor, veteranos de guerra, pelucas, pelo y más pelo. "En el siglo XX se descubrió que lo banal es la materia de la que están hechas todas las cosas, incluso las historias. La literatura argentina aprendió eso con Manuel Puig."

El último tramo de la novela puede ser un claro ejemplo de esta afirmación. Cuenta uno de los hechos que dio inicio a la década: el destino de a la peluca que utilizó Norma Arrostito para el secuestro y asesinato de Aramburu.

(...)
"Lo tienta la época. Lo tienta la posibilidad, que las novelas suelen delegar en una serie de máquinas complicadísimas, llenas de riesgos y no necesariamente eficaces, de volver a una época que venera y que siente que no vivió, o que hubiera querido vivir de otro modo, o quizás sólo con otro corte de pelo..."
(...)

13 septiembre, 2010

Feliz día a todos los zapateros del mundo.

El cementerio de los zapatos, parte I y II

11 septiembre, 2010

11/S

A la izquierda hay otros cerros bajos
a la derecha, se extiende el campo sembrado.

Si fuera Sarmiento
vería en las rutas
las venas que transportan la sangre
contaminada por mal argentino:
su extensión.

El límite difuso de la civilización
y las retenciones.





09 septiembre, 2010

Disculpen el abandono. En breve volveremos a ocupar este barrio.

16 agosto, 2010

¡Honor, honor al gran Cabral!


La marcha de San Lorenzo es la canción patria que más me gusta. No sólo por su música, sino, sobre todo, por su letra.

San Martín es uno de los próceres absolutamente indiscutidos de nuestra historia. Su nombre trasciende su vida. San Martín no es un hombre de carne y hueso, es una idea que fundamenta el país en el que vivimos. Sin embargo, esa idea que se inscribe en el relato épico de la liberación de América tiene un párrafo dedicado a un soldado raso. Un cabo como cualquier otro: Cabral. Sin Cabral no hay San Martín, y eso es lo interesante.

La aparición de Cabral en la batalla de San Lorenzo como el salvador de la libertad naciente de todo el continente funciona como una respuesta a las Preguntas de un obrero ante un libro de historia, de Bertolt Brecht:

"(...)
El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él sólo?
César venció a los galos. ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse su flota. ¿No lloró nadie más?
Federico II ganó la Guerra de los Siete Años. ¿Quién la ganó además?
Una victoria en cada página. ¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años. ¿Quién paga sus gastos?
Una pregunta para cada historia."


Obviamente, San Martín tampoco resistió solo la arremetida de las tropas realistas
en el convento de San Carlos. Esa falta de personajes secundarios que Brecht le reclama a la Historia de los grandes hombres, está patente en la marcha de San Lorenzo.

La canción tiene tres estrofas. Veamos: en la primera, Febo asoma... se prepara el ejército de granaderos a caballo bajo el mando de San Martín. En la segunda: la batalla, las tropas inscriben en la historia su página mejor. Pero la tercera estrofa, que debería glorificar el valor del gran San Martín por sobre todos los mortales, pone el ojo de la historia sobre el cabo Cabral, soldado heroico, que muere anónimo como tantos otros, pero su nombre se hace inmortal.

(Disculpen la versión de Lerner, es la única que encontré subtitulada, igual la parte de Cabral la canta María Helena Walsh)

14 agosto, 2010

Los '90 decapitados

Hace diez años, cuando Catupecu Machu sacó Cuentos decapitados muchas cosas eran distintas: yo tenía 15 años, MTV era un canal que pasaba videos de música y, si te gustaba algún tema de una banda, ibas a Musimundo y te comprabas el CD para ver qué onda. Otra década.

Cuentos decapitados fue el último disco de rock nacional de los '90. Rock potente con buenas letras, sin miedo a la experimentación y ¡con un tema oculto al final del disco!.


(En ese entonces, las bandas ponían creatividad en los videos porque eran su principal forma de difusión)


El año pasado Catupecu tocó en Monte para la fiesta de la primavera y escribí que me parecía la mejor banda argentina actual.