08 mayo, 2007

dice Sagasti/ parte 1


Presentamos un reportaje de tres preguntas donde Luis se pasea por el claroscuro de sus palabras.

“Los mares de la luna” presenta a dos personajes Julián y Emilia que son invitados a una fiesta en el casco de una estancia de un empresario enigmático. La fiesta no repara en frivolidades, los invitados viven en una especie de “paraíso” controlado donde los días pasan y la fiesta se extiende sin vislumbrar su fin. En este marco comienzan a generarse posibles relatos, conflictos, misterios, que nunca terminan de concretarse, generando en el lector una expectativa muy grande que le hará llegar sin paradas previas al final de la novela.


¿Se puede decir que la novela es un “relato en potencia” que

encuentra uno de sus puntos fuertes en la suspensión de las acciones

para dar paso a la fuerza sugestiva de la ambigüedad y la

incompletad? ¿qué papel ocupa el lector en esta lectura?

Creo que sí. Siempre me ha parecido más atractivo aquello que se sugiere y que lo se muestra sin tapujos. Prefiero lo que se soslaya, lo que se vela, a lo que circula en estado de desnudez. Digamos: los atardeceres son más dignos que los mediodías. En literatura, acaso en el arte en general, la ambigüedad es mucho más rica que aquello que se presenta en estado de máxima pureza, sin ningún tipo de pliegue. Cuando en el jazz un pianista improvisa, las teclas fundamentales, las que permite que el tema respire, son las que no toca. Creo que una buena narración funciona de manera análoga. Se enseña ocultando. Como si se escribiera lo que sobra. Una forma de dar con la verdad es pronunciar la palabras que estorban.

Una de las ideas de la novela es dar cuenta de lo que pasa cuando no pasa nada. Dicho de otra forma: qué es lo que tiene que pasar para que no pase nada. Qué corrientes circulan en la profundidad cuando la superficie es calma chicha o de una estridencia sin mácula, indolente, despreocupada. Es decir: qué sostiene un baile más allá de la música. Ojalá que esta ambigüedad haya impulsado a algún lector a tener una actitud de compromiso con la narración, haya evitado cierto sosiego de parte suya.




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