No podía salir. No estaba nervioso, tenía sueño, tarde o temprano alguien entraría a la sala y le pediría ayuda, pensaba mientras miraba como la noche se hacía más clara. El cansancio le ganó a la incertidunbre y se quedó dormido en la silla de madera.

Había un ensayo en marcha. Se asomó a la sala aliviado. ¡Hey! ¡Acá, señor, acá! ¡Necesito ayuda! Me quedé encerrado. Gritó durante un par de minutos, como si fuera un fantasma. Su voz era un suspiro débil, nadie lo veía. Ahora sí tenía miedo. Llegó a pensar que estaba muerto.
Continúa
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